J. M. Benayas da el salto …

Una vez más, el amigo Jose María Benayas nos sorprende con una nueva aventura. Esta vez ha dado el salto y ha cambiado las carreteras y caminos, por las nubes.

 
Extraído de una publicación del grupo cerrado de Facebook “Colonia Iberia” escrita por José María Benayas el 16 de Enero de 2012.
 
“SIENTATE ENCIMA DE MIS PIERNAS”. Cuando escuche esa frase fue cuando, como decía el albañil gallego, “perdí mi presencia de espíritu” y entre otras cosas me acorde de las bromas que me dedicaron cuando comente mi intención de realizar un salto en Tándem y me di cuenta realmente en lo que estaba metido…
 Unos minutos antes había llegado al aeródromo donde, después de hacer los tramites obligados, me enfunde el mono y el arnés que nos entregaron. En aquel momento realmente no sentía nervios aunque me costaba respirar y tenia que mantener la concentración para tomar aire a fondo y expulsarlo suavemente.

 Desde allí nos dirigimos hacia una parte del aeródromo donde nos esperaba un pequeño avión con capacidad para unas diez/doce personas. Tanto en el corto trayecto desde el hangar hasta la aeronave, como al subirme a la misma crecía la sensación de asfixia a la par que aumentaba el nerviosismo. Probablemente si no hubiera estado tan concentrado en el propio hecho de saltar me hubiese preocupado la apariencia del avión, sin ningún tipo de lujo ni nada que se le pareciese ya que su único fin era subirnos a 4000 m de altura y permitir que saltásemos de una forma cómoda.

 Nos sentamos en el suelo cada uno delante de su “transporter”, como si fuésemos a bailar una conga con el culito en el suelo. Fui de los últimos en entrar con lo cual ya presumía que seria de los primeros en saltar. Seguía con esa angustia que me impedía respirar mientras que el cámara fotógrafo, que se encargaría de hacernos el reportaje, intentaba que le hiciese señas y muecas para salir lo mas favorecido en el video. Miraba a mi derecha a Alberto que parecía que empezaba a perder la tranquilidad que había mantenido, y un poco mas adelante a un veterano saltador y a los cámaras que seguían empeñados en que les hiciésemos gestos, mientras que yo el único gesto que buscaba era uno que me permitiese quitarme la sensación de ahogo. 
 
“Siéntate encima de mis piernas”, escuche y mientras que intentaba saber donde tendría las piernas mi compañero, me acordaba de las bromas que habíamos estado haciendo la semana antes. Cuando conseguí encontrar las piernas del paraca empezó a amarrarme y a apretarme mas contra él. “!Bendito sea Dios. Que me respete¡”. La sensación de ahogo al apretar las bridas aumentaba, pero al menos ahora si estaba seguro de que me estaba amarrando junto a él. Tiempo hacia que venia dudándolo en los ratos que me permitía mi afán en buscar el aire para respirar. 
 
 De pronto los fotógrafos empezaron a moverse y el nerviosismo crecía. La nave se estabilizada y parecía que quedaba parada en el aire a la vez que abrían la puerta por donde saltaríamos. Empezamos el paraca y ello a bailar la conga, arrastrando el culito por el suelo, hasta llegar a la puerta. De repente me vi sentado con los pies en el aire, cerré los ojos no queriendo mirar. Mientras, buscaba en la puerta del avión, todo el aire del universo. 
 
 Noté que me tiraban de la cabeza hacia atrás y tuve unos segundos que no sentí nada, aunque si tenia la sensación de no estar ya en el avión. Abrí los ojos viendo debajo de mí todas las nubes de Castilla La Mancha y casi todas las del resto de España mientras que un tío – el fotógrafo – aparecía y desaparecía delante de mi. Fue entonces cuando empecé a disfrutarlo. 
 
 Note dos golpes en el hombro que era la señal para separar las manos del arnés y extenderlas como si de dos alas se tratase. Ya no tenia sensación de ahogo y a pesar de que empecé a notar un dolor de oídos intentaba fijarme en lo que tenia alrededor. Las nubes cada vez mas cerca. Algún claro entre ellas por el que se veía la tierra y la sensación, no de estar cayendo, sino de estar flotando en el aire. Creo que la descripción mas correcta es como en un túnel de viento. Imagino que por eso es allí donde entrenan los paracaidistas.
 
 Sorpresivamente, que también diría el albañil gallego, vi al fotógrafo que “subía” hacia mi, cada vez mas cerca, cada vez mas cerca y creo que en algún momento pensé que mira por donde no me iba a pegar el leñazo en tierra pero me llevaría al fotero por delante en pleno aire. Al llegar junto a mí me separo con su pierna hacia arriba en uno de esos juegos que tienen ensayado para sorprender al transportado y que quede mejor el video. 
 
 Poco después volví a notar en el hombro la señal para agarrarme del arnés. Note un pequeño tirón y me quede “parado” en el aire, todo silencio a mi alrededor y toda Castilla La Mancha a mis pies. ¡Buuuf, Que maravilla¡. Intentaba pensar en lo que estaba viviendo y no me dio tiempo. Note que el instructor me decía “Coge los frenos”. No sé si primero pensé que para que, si ya estábamos parados o que ahora seria cuando nos la pegaríamos y tendría yo la culpa. Me pidió que tirase ahora del freno de derecho, ahora del freno izquierdo y empezamos a balancearnos. Me pidió que tirase mucho mas fuerte e hicimos algo que imagino que tendrá un nombre técnico pero que en manchego es algo así como “unparderevolás en horizontal”. 
 
 A pesar de que estaba realmente disfrutándolo había dos cosas que me “entretenían”, una era el dolor de oídos debido a la presión y otra el ahogo y la falta de aire que volvía a hacerse presente. ¡Joder, todo el aire de la mancha para mi y me ahogo!. 
 
 Poco a poco seguíamos descendiendo, aunque esta era una sensación que tenia mas debido a la visión de la tierra, cada vez mas cerca, que al propio movimiento. Por un momento pude centrarme en el paisaje y disfrutar de la vista mientras el “transporter” había retomado el control, que por otro lado no había perdido en ningún momento, de la “nave”. 
 
 Me empezó a dar instrucciones sobre la forma de aterrizar. ¡Fácil¡. Las manos cogiendo el arnés y las piernas estiradas. Le escuche perfectamente y le entendí perfectamente, mientras retomaba “mi ahogo” y mi técnica de respiración profunda y acompasaba. Le entendí perfectamente pero al llegar a tierra no le hice puñetero caso y cuando pensé que estaba a la altura del suelo, plante los pies, se me quedaron atrás y aterrice como una rana panza arriba. ¡Pobre “Transporter”¡. Imagino que estará acostumbrado a que se le vengan encima noventa kilos cuando no lo espera, o quizás a la vista del transportado tampoco le pillo de sorpresa. Rápidamente un par de asistentes colocaron a la rana en posición mas digna, salvando a la vez al instructor de su ahogo. 
 
 Enseguida vi a Alberto. ¡Saludos, emoción, pero continuaba mi sensación de ahogo y de no poder respirar. Mientras volvíamos charlando y disfrutando de la experiencia al hangar, seguía yo preocupado y dándole vueltas a esa sensación de falta de aire que había sentido durante toda la experiencia cuando me di cuenta. Un consejo me anoté para MI próxima vez y un consejo os doy cuando viváis esta experiencia que decididamente os recomiendo: “NUNCA OS PONGAIS UN MONO TRES TALLAS MAS PEQUEÑO DE LO QUE VUESTRO CUERPO MEREZCA”. — con skydive lillo.